22 jun. 2014

Los tacones de una dama.


Hay algo en la forma de sus labios paradójico, su mirada observa el mundo con la valentía mejor teñida de indiferencia que jamás he visto. Tan mundana y prohibida como los placeres mejor escondidos de los hombres.
Sé que en las noches más frías se resguarda bajo las notas de un piano que ya no da más de si, lo he visto con mis propios ojos. Embriagada por la dulzura de un sueño incompleto comenzó a vivir. Las cortinas de su cuarto conocen sus secretos y los guardan con recelo ante el mundo itinerante en el que ella se mueve. En momentos de desesperación se escapa de los bares que frecuenta, de sus paseos matutinos observando como la ciudad poco a poco va cobrando vida. Ella en una de sus mil facetas, es tan completa como cualquier ser humano con una sola cara.

Siempre me interesaron las mentes complejas, aquellas que requieren de mas de mil noches para poder vislumbrar. Lo complicado, aquello con tantas interpretaciones correctas como interpretes observen. Sería ilógico decir que yo la encontré, cuando en verdad fue ella, quien en su búsqueda de emociones me buscaba a mi.
Se atrevía a ser el universo mientras sostenía un cigarrillo en su mano izquierda, qué descarada su sonrisa y sus piernas nunca cerradas pero tampoco abiertas.
Ella conseguía que la eternidad se concentrara en los instantes, el arte a su lado me resultaba mediocre. Una mente interesante.
He de confesar amigos... Era mágico.


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